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24 de abril de 2013

Entretenimiento y ocaso cultural

Radiohead actuaron tres días seguidos en Salamanca en el año 2002

Resulta extraño como en años de bonanza económica los políticos han tenido una unión mítica con la programación cultural. Claro que lo primero que deberíamos hacer es decir que la palabra "cultura" se ha desvirtuado en los últimos tiempos, siendo sustituida en la mayoría de las ocasiones por la palabra "entretenimiento", convirtiendo la cultura no en una actividad intelectual sino en una actividad de consumo más, igual que cualquier otra típica de la sociedad capitalista.
El caso es que surge una pregunta ante esta situación ¿que veían los políticos en la cultura para que fuera de su interés? Porque tengamos clara una cosa, a los políticos la cultura no les interesa lo más mínimo, pero quizás hacerse una foto al lado de un famosillo les proporciona buena imagen y mas votos. Los políticos han sustituido las fotos al lado de los científicos o nuevos descubridores por la de los actores, artistas o novelistas de éxito que poco aportan a la literatura universal.
Eso si igual que estuvo de moda se fue, toda la inversión que se hizo en política cultural ha sido sustituida por la nada más absoluta, sin que la ciudadanía haya echado de menos los más mínimo el consumo que antes hacía, sustituyéndolo por otros hábitos de consumo que incluyen todo tipo de actividades, nada relacionadas con lo anterior.
Recordemos que no hace mucho tiempo, en esta ciudad en concreto en 2005, hubo un momento en que las instituciones fueron incapaces de ponerse deacuerdo para programar sus diferentes actividades, llegando a saturar de espectáculos una ciudad que no daba a basto con los mismos, encontrándose la mayoría de estos espectáculos a medio llenar porque no había público suficiente para todos y el orgullo de cada institución hacía todo lo posible por no hablar con los otros e incluso a contraprogramar para hacer daño.
¿Debe ser la cultura gratuita? Quizás sea otra pregunta que debamos plantearnos, cuando la política contaba con su apoyo, muchos de los espectáculos podían observarse a un precio reducido, ahora que a la política ya no le interesa ni siquiera se programa aunque haya que pagar y exista tal vez un público dispuesto a desembolsar el dinero necesario para ver el espectáculo.
A ello se une, concretamente aquí en Salamanca, la incapacidad para realizar una programación decente, debido a que las personas que se encuentran al frente de las instituciones saben de números pero lo más cercanos que han estado a la cultura fue un libro que les hicieron leer en el COU porque era obligatorio para la selectividad, como para hablarles de Baudrillard, Paul Virilio o Guilles Deleuze  Las personas encargadas de programar actividades culturales no están vinculadas a ella, así es imposible que todo no salga de un mercadeo que gira por diferentes ciudades y se vende al mejor postor, incluyendo tres obras de teatro al precio de una o aportando una exposición gratuita hecha por la obra social de un gran banco al cual lo único que le interesa es la publicidad en vez de alguna de las obras que allí se muestran.
Esta es la situación, los políticos, sobre todo en la ciudad, han dado la espalda por completo a la cultura, o bien al entretenimiento ciudadano, en el momento en que vean que puede darles algún voto volverán a echarse en sus brazos, eso se llama tener una actitud coherente y sobre todo mantener un programa que coloque esta ciudad a un nivel cultural que tristemente ha perdido en los dos últimos años, retrocediendo 20 a nivel cultural y retornando a finales de los años 80, cuando los más cerca que estábamos de cultura eran los espectáculos que por ferias ofrecían Juanito Navarro o Quique Camorias o las últimas actuaciones del Teatro Chino de Manolita Chen.

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