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3 de abril de 2013

Los pabellones de la Plaza Mayor de Salamanca


La construcción de la Plaza Mayor de Salamanca traía consigo una despliegue iconográfico lleno de sentido ya que cada una de las cuatro partes que componían la plaza estaban dedicadas a un grupo de personajes de importancia capital en el desarrollo histórico y cultural de la España del momento, gobernada por el rey Felipe V, que tuvo el gusto de visitar la ciudad durante su reinado.
Pero como ocurre con muchos de los proyectos faraónicos que se llevan a cabo, la plaza mayor comenzó aproximadamente en 1728 y el dinero se fue acabando, no encontrando nuevos recursos para continuar la construcción  con lo cual al principio solo se construyeron dos de los pabellones de los cuatro que estaban previstos en la planta que había entregado el arquitecto Alberto Churriguera.
Así en un principio pensaba dedicarse un pabellón a los reyes, otro a conquistadores, uno a santos y otro a escritores. Este era el plan al principio, pero solo llegaron a realizarse dos de ellos en el siglo XVIII, el de los reyes situado en la zona más cercana al actual mercado central de la ciudad y el de conquistadores que se sitúa justo frente a la fachada del ayuntamiento.
Para realizar las medallas que decoraban estos pabellones encargaron la obra a uno de los escultores que trabajaba en Salamanca en esa fecha, se trata de Alejandro Carnicero, que nación en Nava del Rey y que se trasladó joven a Salamanca, para asentarse en la ciudad hasta que se trasladó a Madrid para trabajar en las obras del Palacio Real realizando diferentes esculturas de reyes en el magno edificio.
El pabellón real incluye imágenes del reyes de Castilla y reyes de España, realizando una transición entre el origen de lo que conocemos como España y el reino de Castilla que es capaz de unir a todo el territorio bajo un mismo mando tras la boda de los reyes católicos y la conquista de Navarra y Granada. Curioso es la representación del rey Felipe V en dos ocasiones o la presencia en el mismo pabellón de un medallón dedicado a Francisco Franco, que fue proclamado en Salamanca en 1936 Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos (por esa razón se encargó al escultor Miguel Huerta una imagen del dictador).
El otro pabellón no solo está dedicado a conquistadores sino también a descubridores, personas que emigraron a América y se dedicaron a incorporar a la corona nuevos territorios en el nuevo continente descubierto.
Como hemos dicho los otros pabellones nunca llegaron a decorarse con las figuras inicialmente previstas, permaneciendo por mucho las medallas donde debían ir colocadas con la piedra sin tallar. Durante los últimos años han intentado llenarse a veces de forma caprichosa y sin un hilo conductor, tratando de contentar a unos y otros (la política siempre presente) y siendo incapaces de reunir un programa coherente y con sentido. Quizás el mayor impulso se dió durante la celebración del evento Salamanca Plaza Mayor de Europa en el año 2005 que conmemoraba el 250 aniversario de la construcción de uno de los edificios más conocidos de España.

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