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8 de junio de 2014

El Covento de Santa Clara en Salamanca

Este recinto, conocidos popularmente como "Las Claras", es uno de los mejores secretos escondidos de la ciudad de Salamanca. Lejos del bullicio del turismo que se acerca a la ciudad para conocer o documentar su presencia en algunos de los monumentos más conocidos, tenemos en el interior de este convento, obras artísticas de una calidad igual o superior a las de esos otros más conocidos pero lejos de la masificación y empujones propios de las rutas de turismo habituales en la ciudad de Salamanca.
Este post está inspirado por Housetrip, que desea fomentar destinos apartados donde los turistas no acuden habitualmente. Esta visita forma parte de su proyecto "Rincones escondidos de España".

La entrada al Convento de las Claras cuesta 3 euros, es un precio que merece la pena con tal de contemplar las partes del mismo que fueron restauradas por la Junta de Castilla y León a finales de la década de los 80.
El Coro bajo conserva una galería de arcos escarzanos apoyados en pilastras semihexagonales del siglo XVI como no hay otros en la ciudad, en las enjutas de los mismos podemos contemplar imágenes de personajes y santos ilustres, algunos mártires, realizados con una calidad y realismo que, aunque desconocemos el autor, nos hace pensar en alguno de los más importantes del momento, encontrando similitudes con el Claustro del Convento de las Dueñas. otro convento de monjas de clausura situado no muy lejos de allí.
En toda esta galería del coro bajo se conservan pinturas que ocupan diferentes épocas artísticas, siendo las más antiguas del siglo XII y las más modernas del siglo XVIII. Sin duda las más antiguas son las más interesantes y tienen conexiones con la Capilla de San Martín de la Catedral Vieja o con unas pinturas descubiertas en uno de los brazos de la cruz de la misma catedral y que aluden al repoblador de la ciudad de Salamanca de nombre Raimundo de Borgoña. Estas primeras representaciones, aluden a la vida y martirio de algunos santos y están realizadas en estilo gótico lineal en los siglos XIII y XIV.


Pero también son muy destacables las obras del siglo XV que tienen su conexión con el magnífico retablo de la Catedral Vieja y que representan a diferentes santos acompañados de su símbolo de martirio. Son de tanta calidad que nos hace pensar en un gran artista de ese momento, quizás alguno de los pintores Gallego, Francisco o Fernando, que sabemos que trabajan en la ciudad en esa época. El colorido que conservan estas pinturas es muy destacable, colores muy vivos y llamativos para el momento pictórico en el que nos encontramos.


En la parte inferior también se encuentra un claustro en el cual puede visitarse parte, el resto forma parte de la clausura, que conserva un precioso artesonado mudéjar, realizado en el siglo XVI, con multitud de adornos moriscos y formas de estrella de ocho puntas.
Subiendo las escaleras, en el coro alto, lo más interesante es la visión de la iglesia que forma parte del convento. Esta conserva uno de los mejores retablos barrocos realizados en la ciudad en el siglo XVIII, quizás el mejor junto al de la iglesia de San Esteban y el de la Capilla de la Veracruz. Fue realizado por Juaquín de Churriguera y Pedro de Gamboa en el año 1702 y ha sido limpiado recientemente, con lo que el pan de oro que lo decora tiene una tonalidad y un brillo especial. Hay que destacar sus columnas salomónicas y la teatralidad de la puesta en escena de este tipo de obras que eran tan del gusto del momento final del barroco.También son interesantes las bóvedas de medio cañón con lunetos que fueron realizadas en la misma época y que alteraban la estructura original de la iglesia de este convento de monjas clarisas.
Nos referimos al espacio que se encuentra sobre las bóvedas de la iglesia, ya que el arquitecto que realizó esa cubierta con lunetos, decidió preservar la cubierta original del templo, una espléndida cubierta de madera que fue realizada a finales del siglo XIII y principios del siglo XIV que se encuentra policromado en su mayor parte, incluyendo escudos de las diferentes familias salmantinas del momento y múltiples alusiones al reino de Castilla y León. Una maravilla escondida y que sin duda merece la pena visitar también para darnos cuenta de como se construyeron las bóvedas bajo este artesonado y que forma tienen vistas desde arriba.


Se trata de un lugar escondido y casi secreto, con muy pocos visitantes, pero con multitud de obras de diferentes siglos y estilos que harán las delicias de cualquier persona aficionada al arte y a salir del circuito habitual de historias y leyendas que encontramos en la ciudad de Salamanca.

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