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29 de octubre de 2014

El Lazarillo de Tormes y Salamanca

Muy conocidos son los episodios que narra esta novela del género picaresco y que ocurren en la capital salmantina, lugar de nacimiento de Lázaro, que según él mismo narra habría venido al mundo en el lugar de trabajo de su padre, un molino que se movía gracias a la fuerza del agua y del cual recibió el nombre, ya que el río que baña Salamanca se llama Tormes. Su familia era de Tejares, un pueblo cercano a Salamanca, que en el año 1968 se integró como una barriada más de la ciudad y que en aquella época contaría con unos 450 habitantes.
El Lazarillo de Tormes es una novela anónima escrita a mediados del siglo XVI, está narrada en primera persona y cuenta la vida y los avatares que debe pasar un personaje para poder sobrevivir en un mundo lleno de dificultades para aquellos a los que se le niega cualquier oportunidad.
Muerto su padre, un personaje nada de fiar, la madre de Lázaro decide ponerlo al servicio de un ciego, que le enseña una buena lección acerca de la vida que le espera. Ese episodio también tendría lugar en la ciudad de Salamanca. Para ello va a utilizar uno de los símbolos más antiguos de la ciudad, un animal que aparece muy representado en la provincia de Salamanca y que corresponde a esculturas de época prerromana. Se trata del verraco Ibérico, que actualmente se encuentra junto al puente romano para corroborar la historia que vamos a contar.
Nuestros personajes estaban saliendo de Salamanca y para ello debían cruzar el Puente Romano, donde Lázaro describe la escultura del toro que allí se encontraba y donde el ciego le pide que se acerque poniendo uno de sus oídos encima del lomo, ya que el animal emite un ruido de los más interesante. Lázaro obedeció y cuando allí se encontraba el ciego le arreó un golpetazo en la cabeza que al encontrarse con la piedra si que le proporcionó ruido, el pitido de su oído después de recibir el golpe, ya que según indica el dolor le duró más de tres días.
La ingenuidad es lo que se esconde en el trasfondo de esta escena y como la vida te golpea si confías en la gente sin analizar las consecuencias de lo que puede ocurrir. Ser un crédulo tiene sus consecuencias. "El mozo de ciego debe saber más que el diablo" le dijo su mentor. Una lección que bien le pudo servir para el futuro donde la suerte no podemos decir que sonríe a Lázaro, cuyos siguientes señores le harán pasar todo tipo de penas y escarnios, junto con el hambre, verdadero dolor de cabeza de la época. Eso si antes de marcharse le devolvió al ciego una pequeña parte del golpe que le dió sobre el lomo del verraco y que le valió al invidente un tremendo descalabro contra un pilar.
La estatua que conmemora el evento también situada en la entrada desde la ciudad al puente romano fue realizada por el artista Agustín Casillas en el año 1974 y tiene el mérito de reflejar con fidelidad el evento que se narra sobre el antiguo puente de la ciudad construido en el siglo I después de Cristo.

El verraco junto a la iglesia mudéjar de San Pablo

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