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17 de mayo de 2015

Los inicios históricos del camino de Santiago, entre el mito y la realidad

Toda historia tiene un comienzo y eso también le ocurre al Camino de Santiago cuyos orígenes tienen lugar a principios del siglo IX, al mismo tiempo que algunos campesinos se atreven a buscar nuevas tierras de cultivo al norte de la provincia de Burgos, dejando Asturias para empezar a crear lo que finalmente sería el reino de Castilla.


Existía una historia que contaba la llegada del cuerpo de Santiago a Galicia, tras ser decapitado por los judíos en Jerusalem. Sus discípulos habrían colocado el cuerpo en una barca y esta impulsada por el viento habría llegado, cruzando el mediterráneo, hasta las costas de Galicia, donde el cuerpo fue enterrado y la gente se olvidó de que un apóstol se encontraba allí debido a la falta de fe y a los escasos seguidores que la religión tenía en España en el siglo I.
Ahora nos situamos en el año 813, cuando un monje llamado Pelayo, un heremita que una noche cree ver estrellas y luces de colores (que podemos asociar con fuegos fatuos) al tiempo que escucha unas canciones interpretadas directamente por ángeles. Pelayo fue a ver al obispo Teodomiro que le acompaña al bosque para ver que es lo que ocurre, allí descubre un antiguo cementerio y una tumba que el obispo asocia con la tumba de Santiago según una antigua tradición. Allí encuentran el cuerpo de un hombre con la cabeza separada del cuerpo.
Estas eran unas muy buenas noticias para el nuevo reino de Asturias y para toda la cristiandad. El papa León III garantizaba el descubrimiento y reafirmaba la historia del traslado del cuerpo del apóstol desde Jerusalem sin duda alguna.
El obispo Teodomiro fue rápidamente a ver al rey de Asturias, por aquel entonces Alfonso III "el casto" que rápidamente comenzó la construcción de una iglesia en honor al santo. Alfonso se dió cuenta muy pronto de la importancia del descubrimiento, él fue le primer peregrino de un lugar que pretendía convertirse en centro de peregrinación de todo el occidente europeo.
Al mismo tiempo la figura de Santiago comienza a utilizarse como símbolo de las tropas españolas que luchaban contra los musulmanes y así lo encontramos en la cercana batalla de Calvijo, que tuvo lugar hacia el año 844. Allí, según la leyenda, Santiago hizo acto de presencia montado en un caballo blanco, con una espada en las manos y cortando cabezas a diestro y siniestro de los enemigos que se le ponían por delante. Lo justo para que la moral de las tropas creciera al sentirse acompañados y protegidos por el que a partir de ese momento será el patrono de España.

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