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27 de diciembre de 2015

El Museo Guggenheim de Bilbao

Bilbao es una de las ciudades españolas que sufrió una gran reconversión durante los años ochenta. Vió como muchas fábricas, sobre todo de hierro y acero, cerraban sus puertas, cambiando por completo la imagen de la ciudad y transformando todo ese potencial industrial y humano en otro tipo de servicios dedicados principalmente a los componentes de todo tipo.


Ese cambio hizo plantearse a ciertas personas cual sería la imagen que se quería transmitir al exterior de una ciudad como Bilbao, ciertamente poco atractiva a nivel monumental, comparada con otras en España como podían ser Granada, Sevilla o Salamanca.
Pensaron que la mejor manera era la construcción de un edifico rompedor, que fuera un contenedor de obras de arte, pero al mismo tiempo un lugar que sirviera para atraer público por si mismo, bien por la belleza de sus formas o por la polémica que podía generar por si mismo


Así en 1991 llegaron a un acuerdo con la Fundación Guggenheim para albergar parte de la ingente colección de esta fundación y el Museo abrió sus puertas en el año 1997. Hace poco más de un año, el primer acuerdo con la fundación firmado en el año 1994 y que tenía una vigencia de 20 años se ha renovado de nuevo por otros 20 más, ya que las dos partes se encuentran altamente interesadas en el mismo.
El edificio es obra del estudio de arquitectos de Frank Gehry, de origen canadiense. Llama la atención por sus formas rompedoras que apuntan más a un trabajo de deconstrucción que a un edificio en si, pero las curvas que forman el edificio son seña de identidad del arquitecto, que tiene obras repartidas por todo el mundo y cuyos edificios no dejan indiferente a nadie.

Holtel Marqués de Riscal. La Rioja, Frank Gehry

Como decimos se trata de una elección muy acertada, pues el edificio en si, atrae más turistas que aquellos que están interesados en ver las exposiciones que alberga. Puede que sea por la forma, que puede semjar un barco sobre la ría de Bilbao, por los materiales utilizados, entre los que se encuentran calizas y placas de titanio o bien por la imitación de formas de la naturaleza, ya que el exterior semeja escamas de pez, muy ligadas a la ría y la tradición pesquera del mar Cantábrico.
El caso es que un millón de personas visitan anualmente la ciudad de Bilbao con el fin de observar el Museo y sus formas arquitectónicas y gracias a ello, una ciudad sin referente turístico, se ha convertido en uno de los principales focos de atención de un país tan competitivo como España.
Prueba del éxito es que otras ciudades siguieron el ejemplo y han realizado obras parecidas, como por ejemplo el Espacio Metropol Parasol en Sevilla, que realiza un contraste con los edificios medievales de la ciudad, al tiempo que ejerce como protector del mercado interior, de las ruinas romanas que se encuentran en el subsuelo y como lugar para realizar todo tipo de actividades culturales en un lugar tan reputado en la ciudad como es la Plaza de la Encarnación.


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